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Editorial 3
Cerrado por Duelo / FOTOGRAFIA &
MUERTE
Desde Alameda bajar al sur por San Borja hasta Iquique, doblar a mano
derecha y cruzar la Avenida General Velásquez (alt.1200) hasta
calle Fernando Yunque, primera calle a la izquierda es el pasaje Hernán
Yunge, el lugar donde una patrulla militar quemo vivo a Rodrigo Rojas
De Negri mientras fotografiaba una protesta. El día 02 de julio
a las 12:00 hrs un grupo de fotógrafos amigos y familiares recordó
el 19º aniversario de su muerte.
La violencia parece fundamental en la forma como se nos presenta la muerte
en la actualidad. Al menos en la civilización occidental, la cual
se ha esforzado en construir un imaginario mediático y una realidad
cruel en torno al morir. A través de los medios informativos vemos
accidentes, asesinatos, guerras, violaciones. La homogenización
de lo violento en el acto de morir nos hace percibir los hechos mas cerca
de las estadísticas.
Acercarnos a la muerte desde nuestras fotografías (familiares)
nos da otra perspectiva, una donde los cuerpos ausentes nos invocan su
presencia y el tiempo detenido nos hace volver a preguntarnos ¿donde
están?
Crecimos viendo fotocopias de retratos de desaparecidos, los mismos que
Rodrigo Rojas intentaba mantener vivos y que la memoria se resiste a olvidar.
En esa búsqueda de reconstrucción histórica y de
plataformas de difusión y discusión fotográfica hemos
creado Cerrado por Duelo, un ciclo de fotografía y muerte donde
un grupo de fotógrafos: Andrea Jösch, Cristián Maturana,
Andrés Figueroa, Jorge Gronemeyer, César Scotti, Rodrigo
Opazo, Paz Errázuriz, Leonora Vicuña y Andrés Díaz
ha sido invitado para intervenir un pequeño espacio al interior
de la librería Metales Pesados en Santiago Centro.
Como pensar una relación entre fotografía y muerte, muerte
y fotografía sin plantear una desaparición, sin pensar nuestra
propia muerte.
César Scotti / Andrea Jösch

Editorial 2
FOTOAMERICA: Deudor de la Memoria
Acaba de realizarse en nuestro país, la reunión de la Asia
Pacific Economy Community [APEC], la que viene a coronar y dar una cierta
estabilidad a la "imagen que Chile proyecta al mundo". El maquillaje
que recibió la ciudad de Santiago, sobre todo los lugares por los
cuales pasaron las "diferentes comitivas presidenciales", fue
el escenario ideal, desarrollado para una reunión exitosa a nivel
político y macroeconómico, más allá de las
movilizaciones y protestas que siempre intentan equilibrar las necesidades
ciudadanas por sobre los discursos. Se habla de que nos hemos constituido
en una plataforma comercial para Latinoamérica. Es en este contexto
que aparece FotoAmérica, presentándose como el "primer
festival de la fotografía en Chile". El trabajo realizado
por sus coordinadoras - productoras, congrega más de 100 lugares
con más de 150 exposiciones. La convocatoria es un éxito.
Pero no podemos dejar de lado la necesidad urgente de revisar las actividades
fotográficas realizadas en los últimos 20 años en
Chile, pues en ellas encontramos no sólo los antecedentes para
este festival, sino para comprender los procesos históricos de
la Fotografía Chilena Contemporánea con aciertos y fracasos;
que sin lugar a duda son el referente imprescindible para la gestación
de una Memoria Colectiva.

La historia no comienza hoy!
A comienzos de los noventa, un grupo de fotógrafos, entre los que
se encontraban Héctor López y Oscar Wittke, realizó
"Primavera Fotográfica", en la cual se desarrollaron
exposiciones y charlas [Alpes, 1992]. Posteriormente, en Septiembre de
1996, tuvo lugar el "1er mes de la Fotografía en Chile",
donde hubo 20 exposiciones, charlas, un seminario y un supermercado de
la foto. Este "Festival de la Fotografía" fue financiado
por Fondart y aportes privados, y contó con el patrocinio del Museo
Nacional de Bellas Artes y la colaboración de la Escuela de Periodismo
de la Universidad Católica, Spatium, el FotoCine Club de Chile
y la revista Paula, entre otros. Este fue un intento por reunir a la mayor
cantidad de personas entorno a la fotografía. Su director fue Doifel
Videla. La falta de acuerdos hizo que no se volviera a repetir. A fines
de la década, Héctor López junto a otros realizadores,
retoma la idea de un encuentro de fotografía, ahora bajo el nombre
de FOCUS [Arcos,1998 - 1999] y luego Semana de la Foto [Arcos 2000 -2001
- 2003] cuya próxima versión se espera para el año
2005. Tampoco hay que olvidar la I Bienal de Fotografía a cargo
de Mauricio Toro realizada en Coquimbo (2000) o el II Congreso de Fotografía
Latinoamericana realizado en el Centro de Extensión de la Universidad
Católica y la Sociedad Chilena de Fotografía (2001). Otra
iniciativas relevantes es el Centro de Difusión de la Fotografía
en Republica 6 que funcionó durante una década realizando
eventos, talleres, exposiciones y publicaciones. O los colectivos Gestuario
Mecánico y la Nave que intentaron posicionar la fotografía
dentro de sus propios medios.
El festival FotoAmérica se ha constituido en el de mayor convocatoria
y esperamos su próxima realización para el año 2006,
pero sin promesas de espectáculos deslumbrantes, sino de muestras
que nos permitan reflexionar y discutir en torno a lo fotográfico
como las buenas exposiciones de González Palma en el MAVI, Oscar
Wittke en el Centro de Extensión de la Universidad Católica,
Alexandra Edwards en la galería AMS Malborough y Marcelo Brodsky
en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende.
Andrea Jösch / César Scotti
Editorial 1
Existe la sensación o creencia
que durante los noventa en Chile, la fotografía sufrió un
“boom” en su desarrollo. Pero para derribar ciertos mitos,
que parecieran muy propios de nuestras historias oficiales, debemos contextualizar
ciertos episodios de este período.
El cambio político producido en nuestro país a partir del
término de la dictadura militar, nos situó en un proceso
de transición que involucró ciertos ejercicios de reconocimiento
de la actividad fotográfica realizada durante los 70 y 80.
El escenario político permitió la apertura no sólo
de espacios físicos, como el “Cordón Alonso de Córdova”,
sino además involucró espacios definidos por bordes culturales
que nos acercaron a conocer el trabajo desplegado por un sinnúmero
de fotógrafos amparados principalmente por agencias noticiosas
extranjeras, a través de la publicación de libros recopilatorios
y exposiciones dirigidas desde el estado. “La vitrina cultural”
de exposiciones como la Expo Sevilla (donde el Iceberg más pareció
una demostración de fuerza que de cultura local) llevaba la carga
de experiencias anteriores como la muestra “Chile Vive”.
El “nuevo orden” involucra la aparición de nuevos fotógrafos,
galerías situadas en esta “otra” oficialidad y algunos
espacios (los menos) más cerca de la marginalidad, aunque este
nuevo margen esté situado “con la vista al frente”,
como herencia de la cual también nos debemos hacer cargo.
No podemos hablar de una “escena de los noventa”, cuando la
“escena de avanzada” de los setenta y ochenta planteaba el
arte como una postura de vida frente al contexto en que se desarrollaba.
La tendencia internacional de volver a lo cotidiano (doméstico),
como un valor de la expresión personal, no ha hecho sino desaparecer
los discursos y corrientes de la imagen comunicante (imagen militante)
, volver a pensar en vanguardias parecería un discurso neófito
que no hace otra cosa que reafirmar que el boom de la fotografía
en este periodo debe ser revisado desde juicios de mercado más
cerca de la ciencia que del arte. Los “nuevos valores del arte fotográfico
chileno” están situados en el mismo contexto que nuestras
exportaciones y pareciera que los criterios mercantiles acercan el desarrollo
de la fotografía a la eterna institucionalización de nombres
y hechos.
Es un periodo en el cual los artistas deben plantearse proyectos y preestablecer
sus obras para ser postuladas al tan anhelado financiamiento que permita
verlas realizadas. Experiencias que si no cuentan con un catálogo
que deje constancia, deberán engrosar la larga lista de los hechos
olvidados, esperando su oportunidad para ingresar en los anales de la
historia. De qué sirve si las propuestas no tienen detractores,
si la discusión es mínima y la crítica no existe.
Catorce años han transcurrido de este periodo de transición
que parece no terminar, aunque politicamente la detención de Pinochet
en Londres intente establecer este límite, y más allá
de algunos ejemplos curatoriales que intentan ampliar la discusión
de lo fotográfico, como: “Intervenciones, cruces y desvíos”,
“Los límites de la fotografía” y el trabajo
de algunos colectivos como "Gestuario Mecánico" , el
boom de la fotografía no es tal.
Conocer nuestro pasado para comprender el presente parece ser el axioma
en el desarrollo actual de la fotografía chilena, inmersos en este
proceso histórico sólo hemos recibido la pérdida
de la identidad o su búsqueda, que es lo mismo.
Andrea Jösch / César Scotti
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